No podía cerrar la ventana... Desde hacía rato lo intentaba. Puse firmes mis brazos, me aseguré de que mis manos no resbalaran y me aferré con todos los dedos al borde.. ¡Al fin! Quedó cerrada y ya puedo volar lejos de aquí. Perdí algunas plumas con tanto esfuerzo, pero salvé mis alas de este encierro.
- Hacés bien en irte. - ¿No me vas a detener? - No. - ¿Y vos pensás quedarte? - Al menos mientras sea de noche. La luz insiste en que no debo dejarte. - Entonces... mientras haya oscuridad algo de mí quedará por aquí, ¿verdad?
He querido hablarte del amor pero he estado agobiada viviendo esta vida, siguiendo el ritmo del tiempo y ocupando espacios en el espacio. En cualquier caso, no me desvelo: aún encuentro tu mano mientras apuro mi sueño aún me veo en tus ojos antes y después de cada madrugada y todavía escucho a un lado tus pasos mientras corremos para no quedarnos quietos. Y eso basta para entendernos. Ni palabras ni versos ni promesas. Seguimos labrando codo a codo un paraíso para esas risas infantiles que irrumpen e interrumpen esta mágica rutina de amores.
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