Era la primera vez que mi niña miraba la calle desde el balcón. Nunca habíamos vivido en un departamento. Ahora desde un primer piso, la nueva perspectiva nos tenía entusiasmados. - - ¿Te gusta? - - Sí, papá… me gusta. - - ¡Está bueno! - - Sí… Bueno debe estar allá –dijo señalando el décimo piso del edificio de en frente. Podríamos llamarlo inconformismo. Pero a nosotros nos gusta pensar que nuestra pequeña aprende desde temprano a ser feliz con lo que tiene y donde está, sin que le impida anhelar un poquito más.
No podía cerrar la ventana... Desde hacía rato lo intentaba. Puse firmes mis brazos, me aseguré de que mis manos no resbalaran y me aferré con todos los dedos al borde.. ¡Al fin! Quedó cerrada y ya puedo volar lejos de aquí. Perdí algunas plumas con tanto esfuerzo, pero salvé mis alas de este encierro.
- Hacés bien en irte. - ¿No me vas a detener? - No. - ¿Y vos pensás quedarte? - Al menos mientras sea de noche. La luz insiste en que no debo dejarte. - Entonces... mientras haya oscuridad algo de mí quedará por aquí, ¿verdad?
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